miércoles, 21 de marzo de 2012

Reflexión para cuaresma

Aunque nos sentimos abatidos por nuestros pecados,
 levantamos nuestros corazones para darte gracias, 
porque te sabemos Padre misericordioso
que nos abres los brazos ofreciendo perdón.
Nos invitas a vivir este tiempo de cuaresma como un tiempo de gracia, 
como ocasión para el cambio,
como llamada a la conversión. 
Reconocemos que la rutina  hace costra en nuestra carne, 
que nos salen callos  en el alma y el corazón se endurece si se encierra. 
 Reconocemos nuestra dureza como síntoma de pecado: 
nos cerramos a Ti desoyendo tu Palabra,
nos ponemos paraguas a la gracia que nos llueve del cielo
y corazas para defendernos de nuestros hermano, 
somos duros hasta con nosotros mismos, 
privándonos de espacios verdes de oración,
del descanso, del silencio y la contemplación
y del gusto de lo gratuito y lo afectivo.
Pero hoy queremos poner a remojo nuestra dureza
para que esta cuaresma sea un proceso de ablandamiento
y de conversión a la ternura, al amor y al ejemplo de Jesús,
que se conmovió ante aquella muchedumbre hambrienta
y lloró por la muerte de su amigo Lázaro, 
que se dejó perfumar por la Magdalena,
se apenó  por la traición de los suyos 
y tuvo miedo al tormento que le amenazaba. 
Los corazones duros no lloran por nada
pero Tú tocas nuestro corazón con tu ternura,
nos haces sensibles, nos ablandas.
Hoy nos das la  gracia de llorar nuestro pecado, 
nos haces capaces de ver con el corazón lo invisible,  
descubrirte en cada persona que sufre,
conmovernos ante el hermano abatido,
llorar con las personas que lloran
y compartir también ilusiones y alegrías.
Como Jesús curó a sordos y ciegos, a cojos y paralíticos,
esperamos que cures nuestra sordera interesada,
que nos hace oír lo que no nos conviene; 
nuestra ceguera egoísta  que nos tapa lo ajeno;
la parálisis que nos inmoviliza para no movernos por los demás.
Esperamos que nos trasplante un corazón nuevo por el nuestro envejecido,
un corazón tierno, sensible a los sentimientos.
Así podremos amar intensamente, esperar pacientemente, 
compartir sinceramente y  celebrar gozosamente la Pascua
como tierna madurez de esta cuaresma 
ablandada por tu amor y nuestra más sincera conversión. 

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