lunes, 27 de febrero de 2012

PECADO Y CONVERSIÓN




«Convertirse no es sólo «arrepentirse», llorar sobre lo pa­sado.
Jesús repetía en el Evangelio: "Levántate, ponte en cami­no."

La conversión es un proceso vital, histórico, como el creci­miento,
como el desarrollo. Un proceso vital y social.
El pecado está en el mundo, está en cada uno de nosotros, en la desfacha­tez o agazapado, más o menos querido, pero está.
Vivir, crecer, evolucionar, caminar en la historia personal y en la humana,
ha de ser necesariamente irse convirtiendo, irlo convirtiendo todo.

No basta con rasgarse las vestiduras para convertirse;
co­mo no bastó nunca confesarse en la penumbra del confesiona­rio;
como no bastará ahora celebrar una bonita confesión comu­nitaria.
No basta para convertirse renovar los Advientos y las Cuaresmas,
ni organizar colectas socializadas o dar tantos por cientos tranquilizadores.

Es preciso rasgar el corazón, circunci­dar la raíz de las estructuras de pecado, «subvertir» el orden establecido en el propio espíritu -burgués- en la propia fa­milia -cerradita-, en la propia Empresa, en la calle,
 en el país, en la Iglesia, en el mundo.
No valen las excusas de los que están de vuelta de todo,
de que si una Iglesia tal o una sociedad cual.
Tú y yo somos Iglesia y somos la sociedad.
No se trata de esperar a que las estructuras de la Iglesia
o de la sociedad se transformen: es preciso urgirlas a la conversión
desde el interior y desde la acción de cada uno de ellos.»

(P. Casaldáliga,obispo.)

viernes, 24 de febrero de 2012

Una conversión que ofrezca frutos aquí y ahora


Foto: https://encrypted-tbn3.google.com/images?q=tbn:ANd9GcT65TtXjvX4LvdbFH2tMqKVIb26rS5I86XsLoJpTVKIRWFdDBJhLg



Cuaresma y conversión son términos que se pronuncian parejos. Cuaresma es tiempo para volver a Dios, un cambio no sólo de opinión sino de la totalidad de la persona. La Cuaresma llama a la conversión, a apartarse de la vida pasada en su significado de mentira, pecado, mal moral, y el decidirse por un camino recién abierto. La conversión es sólo el inicio de algo que será preciso demostrar todos los días y hacer fructificar.

Tres propuestas:

  • Recuperar el entusiasmo bautismal. Significar la nueva vida, la nueva mentalidad que se obtiene regenerándonos como nuevas criaturas, algo que, por la costumbre de bautizar a los recién nacidos, por veces se pierde en el interior de la comunidad cristiana: convertirse de hombre pagano en hijo de Dios.

  • La confesión. Que cediese todo su aspecto moralizante a una sincera reconciliación con Dios y los hermanos y ello sin que suponga un gesto más teórico que práctico.

  • La buena voluntad, entendida como el deseo de que el otro (sea ateo o descuidado religiosamente), participe de la alegría de la fe.

Propuestas para que fructifique en nosotros, no sólo una variación de conducta moral acerca de un aspecto de la vida o de un mandamiento, sino la intensidad de la experiencia religiosa que provoca la Cuaresma.

De camino a la Pascua


“El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará."

¿De qué va esto de    la Cuaresma?

Como todas las cosas importantes quizás es más sencillo de lo que parece… Va de ser feliz. De los sueños de cada uno. De poder tener la vida más auténtica, más plena, más libre, más llena de vida que se pueda…
Pero lo que suena tan bien, a veces no es tan fácil. Eso lo sabe todo el mundo. Por eso hay que prepararse para lograrlo…
Lo de la cuaresma es esa preparación. Prepararse para ser feliz…Y para prepararse, lo primero es escuchar lo que dice el propio evangelio sobre cómo hacerlo. Hoy nos dice eso de ahí arriba… y suena raro.
¿Y si en vez de decir “salvarse” —que suena a peligro y accidente— dijéramos “tener una vida plena, una vida feliz, tener una vida que merezca la pena vivir”?Es lo que todos queremos… pero ¿cómo hacerlo?
Lo que dice el evangelio parece que suena a contradicción. Si quieres tener una vida feliz y te empeñas en ello, no lo conseguirás. Pero si en vez de buscar tu propia felicidad buscas la de los demás entonces es como serás realmente feliz… Hacer a Dios el centro de la vida pasa siempre por buscar la felicidad de los otros, por intentar que la vida de los demás sea mejor… Eso nos enseñó Jesús de Nazaret con su vida. Eso es estar dispuesto a “perder” tu vida… el regalarla a manos llenas para que los otros sean felices. Y aunque suena a contradicción, es una experiencia real: cuando te preocupas por que los otros sean felices, por que sus vidas sean vidas geniales, entonces tu vida se transforma y se convierte en una vida genial…
Uno no puede ser feliz solo. Todo lo que somos y la manera de poder ser feliz es siempre en relación con los demás. Somos siempre en relación con los otros y nuestra felicidad está en hacer felices a los demás. Nos convertimos en quienes somos cuando estamos con los otros sin maquillajes ni mentiras, sin aparentar, sin querer ser distintos a como somos… Cuando vamos con la cara lavada, la sonrisa en la boca y la mirada limpia, ofreciendo las manos a los demás, regalando vida allí donde vamos. Nos llenamos de vida cuando hacemos del amor el centro de nuestra vida, cuando nos preocupamos por el otro, cuando intentamos que su vida sea más agradable, más feliz, mejor… Cuando nos olvidamos de nosotros un poquito para que el otro sea el protagonista, cuando dejamos atrás las cosas que nos separan de los demás…

La cuaresma nos ayuda a recordar estas cosas importantes. A dejar un poco de lado lo que nos separa de los otros. El camino que nos lleve hasta la Pascua pasa por darnos cuenta de estas cosas… y por intentar hacerlas vida.

¡Buen camino a la Pascua!

 Vicente Niño Orti, OP, Fraile Dominico
Dibujo: Fr. Félix Hernández, OP, Fraile Dominico